NUESTRA HISTORIA

Una historia que empezó con un gato, unas maquetas de arquitectura y una pregunta:
¿cómo podemos hacer que nuestros espacios también funcionen para ellos?

Pensábamos que Baloo era un gato independiente. Hasta que le dimos un lugar para ser gato.

Una historia sobre gatos, diseño y aprender a compartir nuestro espacio.

Todo empezó mientras hacíamos maquetas.

Baloo llegó a nuestra vida mientras Brian y yo estudiábamos arquitectura y hacíamos maquetas.
Durante mucho tiempo pensamos que simplemente era un gato tranquilo e independiente.
Hasta que descubrimos que prefería el cartón que utilizábamos para construir.

Un día hicimos algo para él.

No era un producto. No estaba optimizado. Era simplemente una pequeña guarida de cartón.
Y Baloo empezó a usarla constantemente.

¿Realmente Baloo era un gato sedentario e independiente?

Quizás nunca le habíamos dado la oportunidad de comportarse como necesitaba.

De una pequeña guarida a algo más.

Aquella primera guarida funcionó tan bien que empezamos a preguntarnos qué más podíamos hacer.

No queríamos simplemente fabricar casas para gatos. Queríamos entender qué hacía que un espacio realmente funcionara para ellos.

Empezamos a observar cómo usaban cada superficie, dónde preferían estar, cómo se movían y qué ocurría cuando cambiábamos una pieza de lugar.

Y así comenzó nuestro camino hacia el diseño de sistemas para gatos.

Una pregunta cambió nuestros productos.

En una de nuestras primeras ferias teníamos productos independientes y, por otro lado, un prototipo formado por una misma pieza que podía repetirse para crear diferentes configuraciones.

Los clientes comenzaron a preguntarnos:

“¿Y estas casas también se pueden unir?”

Nuestra respuesta era:

“No”.

Pero esa pregunta nos hizo pensar:

¿Por qué no?

A partir de ahí comenzamos a desarrollar nuestros sistemas modulares.

Nuestros productos dejaron de ser objetos aislados y empezaron a convertirse en sistemas que podían combinarse, transformarse y crecer.

Diseñar para durar también significa poder reparar.

Desde el inicio quisimos que nuestros productos tuvieran una vida larga.

Por eso incorporamos la posibilidad de reemplazar piezas, reparar y ampliar los productos en lugar de desecharlos completos.

Un producto no tenía que terminar cuando una pieza se desgastaba.

Podía cambiar.

Podía crecer.

Podía seguir siendo parte de la vida de un gato.

Una casa llena de gatos.

Durante los primeros años, nuestra propia casa llegó a llenarse de gatos. Recogíamos gatitos que aparecían afuera de nuestra casa, los cuidábamos y buscábamos familias para ellos.

Muchos terminaron convirtiéndose, en parte de nuestra familia y en nuestros primeros probadores. Y de ahí nació también nuestro nombre.

Durante un tiempo, nuestra casa era literalmente La Jato del Gato.

Cuando todo cambió.

La pandemia nos obligó a dejar las ferias y nuestro proveedor de varillas cerró.

Tuvimos que encontrar una manera de producirlas nosotros mismos y llevar todo el sistema hacia la fabricación digital.

Así llegamos al flat-pack y al hazlo tú mismo: productos que pueden enviarse desarmados, ocupando mucho menos espacio, y que las personas pueden construir en casa.

Nuestro propio taller.

En 2024 decidimos apostar nuevamente por La Jato del Gato.

Construimos nuestro propio taller y nuestra propia máquina láser en Perú para poder controlar mejor todo el proceso: desde el diseño y el aprovechamiento del material hasta la precisión de cada pieza y la experiencia de quien arma el producto en casa.

De un pequeño emprendimiento peruano al mundo.

Línea de tiempo

Momentos que nos trajeron hasta aquí.